Por Gerardo Díaz Valles
Pura farsa y teatro, asegura el Padre Goyo López de
Apatzingan, protagonizan los policías federales frente a los Comuneros y en el
supuesto combate a los “Caballeros Templarios”, “La Familia” o “Los Antrax” en
el violento estado sureño, a los que valientemente el sacerdote ha denunciado aún
cuando hoy oficia sus homilías protegido
por un chaleco blindado y unos palos que tiene a la mano, mientras los
sanguinarios sicarios, disfrazados de reporteros o boleros, nomas se burlan de
los policías. Una locura que parece recorrer todo el territorio nacional y
donde lo hemos dicho, Rosarito no está exento de ciertos niveles de esa
psicosis, ni mucho menos. Y es que aunado a las presiones fiscales y escalada
de aumentos, la situación económica no mejora frente al rebrote de las
especulaciones, el temor y la inseguridad que se percibe en muchos ámbitos de
la vida de los rosaritenses. El cierre de negocios, restaurantes y bares de la
ciudad, la cancelación de servicios de taxis durante las noches, el temor
creciente entre muchos residentes extranjeros, quienes de plano ya piensan mejor
en hacer sus maletas para partir hacia otros lares. Partes de Rosarito ya se
muestran como zonas desoladas, fantasmagóricas y tristes, mientras que la percepción
de inseguridad es compartida con crecientes sectores de nuestra comunidad. Las
madres y las abuelas les piden a sus críos que no salgan por las noches, mucho
menos solos o de plano que retornen temprano a sus moradas. Una muestra de este
temor, me asegura un conocido empresario del ramo ferretero en la ciudad, que
el aumento de las extorsiones telefónicas, el llamado “cobro de piso” es una
realidad, principalmente a los pocos empresarios que persisten en la ciudad,
principalmente aquellos que se manejan en los giros de bares, cafés cantantes,
table dancers o centros nocturnos. Luego mi asustado informante me pone como ejemplo
los establecimientos de bares que han cerrado sus puertas en fechas recientes
como el restaurant “Susan’s”, el “Harry Oh” o el “Foot Printers” o “Cantil
Dorado”, por mencionar solo algunos. Una triste realidad que pareciera que las
autoridades encargadas de atender o no lo ven o simplemente no tienen una
estrategia clara y efectiva contra este problema. Por lo que algunos de ellos
en serio me preguntan que en donde pueden localizar al Teniente Coronel Julián
Leizaola Pérez, ese que si aplica la inteligencia, conjugada con el valor, el
arrojo y la coordinación de los cuerpos policiacos para brindar resultados. En
suma un policía de esos que no se dan seguido, que se aplica a cabalidad,
disciplina y gallardía a combatir a los facinerosos sin andarse por las ramas y
cuya fama cobra niveles de leyenda.
